DROGAS & COCA: COMBATIR LA ADICCION AL FRACASO 

Por: Hugo Cabieses1 

La problemática de las drogas, la coca y el tráfico ilícito de drogas (TID) es muy compleja y los enfoques unilaterales de prohibición del consumo de drogas, erradicación-fumigación de cultivos, satanización y criminalización de los cultivadores y programas de “desarrollo alternativo” con “guerra contra las drogas” no han tenido resultados eficaces en ninguna parte del mundo: cada año existen más cultivos, producción, tráfico y consumo de drogas, menores precios al consumidor, mejor calidad de las drogas en calles, más violencia y falta de gobernabilidad2. Los impulsores de las actuales políticas y estrategias caminan con los ojos vendados, profundizando su adicción al fracaso3. 

Complejidades de la coca 

Como la hoja de coca es la principal materia prima para la producción de drogas cocaínicas, existe una enorme satanización nacional e internacional contra esta planta, sus cultivadores y consumidores, que impide tener un conocimiento científico, equilibrado y serio sobre sus dicotomías, caracteres, diferenciaciones y dimensiones. 

Las dicotomías son: 1) coca no es lo mismo que cocaína, aunque sí la contiene como derivado de la misma; 2) cultivador de coca no es delincuente, sino productor agrícola que cultiva una planta y lo viene haciendo desde hace muchos años; y, 3) consumidor de coca no es un toxicómano. 

Los caracteres son: 1) la coca es una planta cultural, mítico-religiosa, usada como cohesivo social y botiquín campesino por excelencia; 2) es “caja chica” familiar para el consumo, la inversión y el pago de jornales; 3) es materia prima para la industrialización de cocaína terapéutica, bebidas estimulantes, bolsitas filtrantes para combatir el mal de altura, etc.; y, 4) es materia prima para fabricar pasta básica y clorhidrato de cocaína. Los agricultores y consumidores de coca en los Andes buscan afirmar los tres primeros caracteres.  

Las diferenciaciones son: 1) existen zonas de cultivo tradicional (La Convención, Sandia y Alto Chicama), antiguas (VRAE4, Monzón y Uchiza) y recientes (Alto Huallaga, Aguaytía y Pichis-Palcazu); 2) por tipo de mercados la coca es legal a través de la ENACO5, de contrabando semi-legal para el consumo tradicional, pago en reciprocidad por faenas comunales, trueque con productos de otros pisos ecológicos y de destino ilegal para pasta y cocaína que, a diferencia de la coca para los otros mercados, es sucia, no interesa al consumidor, no es selecta y es más barata; y, 3) por calidades y precios, la ENACO compra coca selecta y barata a agricultores pobres de la selva alta y la vende cara y de mala calidad a campesinos más pobres de la sierra, el contrabandista compra a precio más alto al productor y vende más barato y de mejor calidad al consumidor y al traficante no le interesa calidad sino cantidad, por lo que compra más barato y no vende al consumidor sino la destina a la poza de maceración. 

Las dimensiones son6: 1) la extensión de cultivos en el año 2006 fue de 60 mil has, 12 mil legales y empadronadas en ENACO, 24 mil cuyos dueños venden a contrabandistas, otras 24 mil con una alta productividad destinada al TID, pero existen no menos de 60 mil hectáreas en abandono que pueden ser recuperadas si los precios suben; 2) en empleo, por cada hectárea sembrada de coca se requiere 1.5 personas por lo que existen 90 mil cultivadores de coca distribuidos en 19 cuencas cocaleras, de los que 18 mil venden su producción a la ENACO, 36 mil al contrabando de uso legal y otros 36 mil al TID; 3) en volumen, anualmente se producen alrededor de 60 mil TM de hoja de coca7, de las que sólo 3 mil acopia ENACO, 6 mil – o 18 mil dependiendo de la fuente de información - son acopiadas por el contrabando para uso legal y no menos de 50 mil TM se destinan al TID, con las que se puede producir hasta 200 TM de clorhidrato de cocaína principalmente para exportación; 4) el consumo interno de cocaína es relativamente pequeño: no más de 1 TM al año; 5) existen 3 millones de "pijchadores" de hoja de coca y alrededor de 1 millón más que la consumen en infusiones u otros usos benéficos8; y, 6) existen alrededor de 40 mil consumidores regulares de pasta básica de cocaína y 35 mil de clorhidrato a razón de 1 a 3 dosis semanales. 

Uno de los principales problemas del “desarrollo alternativo”, las políticas de drogas y la erradicación de cultivos que ha estado impulsándose, ha sido la falta de comprensión de las complejidades mencionadas por parte de los gobiernos y la cooperación internacional, al momento de discutir, formular y adoptar políticas con relación a esta problemática. 
 
 
 
 
 
 

Problema humano, político y técnico 

El tema de la coca y los agricultores cocaleros9 es en primer lugar humano, luego político y finalmente técnico, más allá de la radicalidad de sus protestas que se explican por la ceguera y sordera del gobierno peruano que sólo tiene ojos para ver y oídos para escuchar lo que le dictan los funcionarios del gobierno de EEUU. 

El tema humano es que los cocaleros no quieren excluidos y considerados delincuentes, sino convertirse en ciudadanos con deberes y derechos, ser empadronados por los organismos pertinentes del Estado que defina una nueva Ley de Coca, que sus organizaciones representativas sean reconocidas como interlocutoras válidas, que consideren sus propuestas y que sean parte de solución y no el problema en relación con los dos fenómeno que supuestamente se quiere combatir: la pobreza y el TID. 

El tema político es que proponen que el gobierno, el Estado y la “sociedad civil”, piensen con cabeza propia pare elaborar en una mesa de diálogo una Política de Estado sobre drogas y coca, es decir, no seguir aplicando la política de EEUU ya que es contraproducente y su medicina resulta peor que la enfermedad que se quiere curar: el TID y los cultivos con fines ilícitos. Los gobiernos del Perú en los últimos 30 años, han abdicado su deber de impulsar políticas propias. El estricto sometimiento al neoliberalismo salvaje, la desregulación económica a ultranza que ha eliminado la capacidad preventiva y proactiva del sector público, el ataque frontal contra el tejido social organizativo existente y sus derechos, la globalización financiera que encubre delitos de lavado de dinero,  el modelo concentrador, excluyente y anti-agrario que se aplica y el impulso sin cuestionamiento de la “guerra contra las drogas”, ha traído como resultado lo contrario a lo que se quería combatir10. Además, el Gobierno de EEUU apoyó durante 10 años una dictadura mafiosa que dirigió el TID desde Palacio de Gobierno y el Sistema de Inteligencia Nacional (SIN)11, mientras que simultáneamente aplicaba su “guerra contra las drogas” con cooperación para el “desarrollo alternativo” y la erradicación forzosa de cocales. Contra estos apectos políticos es que se alzan los agricultores cocaleros. 

El tema técnico es que el problema de los cultivos de coca es agrícola y no policial represivo, que los agricultores y sus organizaciones deben participar en todo el proceso de planificación y fiscalización de los proyectos productivos, que se requiere un trabajo – previo al "desarrollo alternativo"– de zonificación económico-ecológica, análisis de suelos y reestructuración parcelaria, que es indispensable un programa crediticio agrícola que subsidie la pequeña producción parcelaria, que se deben construir mercados locales, regionales y nacionales más que destinar todo para la exportación y que, finalmente, es necesario reorientar las políticas agrarias nacionales y de comercio internacional12. 

Combatir la adicción al calco, la copia y el fracaso 

El gobierno peruano tiene una estrategia sobre drogas, pero lo malo es que se trata de la del gobierno de EEUU que se aplica a través de USAID13 y la ONUDD. Esta estrategia, impulsada por DEVIDA14 y sus “operadores” equivoca el diagnóstico, las prioridades y las propuestas. Parte por señalar que el principal problema de nuestro país es el consumo de drogas, en segundo lugar el TID y por último el desarrollo rural, distorsionando así lo que debería ser una estrategia integral propia, copiando el diagnóstico para EEUU. Sin desconocer su importancia, sostengo que el problema central del Perú no es el consumo sino la producción y el tráfico de drogas con sus secuelas de corrupción, violencia y efectos medio-ambientales. Esta estrategia es más de lo mismo que se ha estado haciendo en los últimos 25 años con más fracasos que éxitos y, estos últimos, lamentablemente han sido reducidos, ecológicamente insostenibles y poco duraderos. Considero que nuestro país debe atreverse a dar seis virajes en este tema: 

  1. Cambiar la actual política ofertista, prohibicionista y policial-militarista, que impulsa/impone el gobierno de los EEUU y  consensuar una Política de Estado Propia (PEP) sobre drogas y coca, verdaderamente integral, sustentable y sostenible.
  2. Elaborar, discutir y aprobar un marco legislativo e institucional nuevo que reemplace el vigente ya que no ha combatido el TID sino que lo ha alentado15.
  3. Recoger los planteamientos de los agricultores cocaleros expresados en más de 45 actas firmadas desde 1999 con autoridades gubernamentales, incluyendo las recientes Actas de Tocache, Huanuco y Quillabamba que deberían ser vinculantes.
  4. Impulsar una estrategia de des-satanización y revalorización nacional e internacional de la hoja de coca para su uso tradicional e industrial benéfico, buscando su exclusión de la Lista 1 de estupefacientes de la ONU.
  5. Construir una base de datos realista y propia sobre extensión de cultivos, productividades, calidades, precios, volúmenes y usos legales e ilegales de hoja de coca.
  6. Cambiar la estrategia de “desarrollo alternativo” y “sustitución de cultivos” basada en la erradicación previa, por una verdadera estrategia de desarrollo rural integral sostenible y sustentable orientada a la construcción de mercados locales, regionales y nacionales.
 

El llamado Programa de Desarrollo Alternativo (PDA) ha tenido más fracasos que éxitos, sin  que hasta ahora se haya realizado una evaluación seria e independiente al respecto16. Remando en contra, considero que el problema de la coca es principalmente agrícola, pero mi objeción central al PDA es que trata de promover monocultivos de exportación para cumplir con una fórmula equivocada: coca = cocaína = US$ = exportación = buscar un producto de exportación tan rentable como la coca y sus derivados. La estrategia de agro-exportación no tiene viabilidad agro-ecológica en zonas de selva alta, además de no tener sostenibilidad económica más allá de algunos pocos años ya que “el suelo no aguanta”. 

El PDA impulsa desde hace cinco lustros el quinteto anti-ecológico de “cultivo motor de exportación”: café, cacao, palma aceitera, palmito y, más recientemente, sacha inchi. La coca para el TID, no la cultivada tradicionalmente, es el sexto cultivo anti-ecológico que se quiere sustituir. Pero su erradicación provoca más efectos medio-ambientales negativos que los productos estrella del PDA. A esto se agrega la ganadería mayor, reforestación en plantación de especies “rentables” y caña de azúcar para bio-combustibles. Las vacas "pisan" la ecología y tumban bosques para pastos. La caoba y el cedro son para los nietos de los agricultores. Plantar para bio-combustibles significa cambiar alimentos por “gasolina verde”. Sostengo que el PDA es la mejor contribución del Perú al calentamiento global. Al aceptar una fórmula absurda como la mencionada, en el fondo se busca sustituir cultivos de coca por calentamiento global. 

El camino para la selva alta es otro y lo resumo en los siguientes puntos: 

  1. Realizar una evaluación seria e independiente de lo ejecutado hasta ahora con relación al PDA e investigar el “efecto cascada” de los fondos de la cooperación internacional.
  2. Realizar un catastro y empadronamiento de los agricultores - cocaleros o no - para “separar la paja del grano” y apoyar su organización gremial y empresarial.
  3. Impulsar un proceso social y político, además de técnico, de zonificación ecológica-económica y ordenamiento territorial (ZEE-OT) en las cuencas cocaleras y entornos.
  4. Consultar con los agricultores y profesionales que conocen los límites agropecuarios y ecológico-medio ambientales de selva alta.
  5. Impulsar una estrategia orientada a mercados locales, regionales y nacionales, articulando cadenas productivas con ciudades intermedias.
  6. Promover la sostenibilidad alimentaria basada en biohuertos (hortalizas para vitaminas y calcio) y minigranjas (aves menores y cuyes), junto con acuicultura (no tilapia, sino paco, gamitana, paiche y caracol) y zoocriaderos (picuro y ronsoco) para proteínas y  nutrición familiar.
  7. Impulsar acciones de agro-forestería en pequeña producción con agricultura orgánica (biol y cobertizos) y siembra por contrato, crédito campesino supervisado y asistencia técnica directa en la chacra.
  8. Desarrollar un programa de manejo forestal con especies de corta y mediana  maduración y no maderables – castaña, caucho y palntas medicinales -, asociado con acuicultura, apicultura y ovino de pelo, no ganado vacuno vacuno extensivo.
  9. Promover el ecoturismo y el turismo vivencial sustentable, articulado a cadenas de valor locales.
 

La exportación agrícola para selva alta es una quimera. Nuestra principal riqueza es la biodiversidad de estas zonas, el ecoturismo, el manejo integral y sostenible de los bosques - no su tala y quema para productos de exportación -, la captura de carbono y los fondos disponibles para ello. Insistir en el PDA impulsado por la USAID y la ONUDD, además de continuar “adictos al fracaso”, significa impulsar la eclosión ecológica y un verdadero Plan de Destrucción de la Amazonía (PDA) en reemplazo de los cultivos de hoja de coca. 
 
 

El Perú NO debe continuar con la hipócrita y fracasada política ofertista, prohibicionista y militarista de las actuales estrategias internacionales sobre drogas impulsadas por el gobierno de los EEUU y avaladas sin ninguna crítica por la ONUDD. Mi recomendación básica es que el gobierno peruano debe tratar seriamente su vernacular adicción al calco, la copia y al fracaso.